Por qué el uso de la “X” no es una fórmula inclusiva

Otra vez con el lenguaje inclusivo… Y todas las veces que hagan falta hasta que el sexismo en el lenguaje no constituya una de las patas más importantes que sostienen el patriarcado.

Hoy me acordé de este tema al revisar unos textos en los que me encontré reiteradas veces la antiestética “X” por todas partes. Y ya no es una cuestión de estética, que también lo es, sino de inclusión. Y os voy a contar el porqué.

Nunca hemos hablado de esto, pero tampoco he leído nada al respecto.

Y es que el uso de la “X” como fórmula inclusiva del lenguaje escrito ha reinado durante varios años como un intento de hacer más equitativa nuestra escritura. Sin embargo no es así y, afortunadamente, en la actualidad  el devenir natural de nuestras maneras de comunicarnos le ha restado protagonismo e incluso podríamos decir que está en desuso en pro de otras alternativas inclusivas.

Fenomenal, el lenguaje es nuestro.

Pero, ¿por qué la “X” no es inclusiva? ¿por qué se incurre en lenguaje no inclusivo cuando la usamos? Os cuento dos razones, no como lingüista o experta de la lengua castellana. Que conste que tampoco soy amiga de los señores de la RAE. Lo que os cuento es fruto de mi experiencia como docente.

# No es inclusiva y no economiza el lenguaje

La primera de las razones seguramente la hayáis oído en otras ocasiones, por lo que no me voy a entretener mucho en ella. La “X” no se lee de manera inclusiva, por lo que su propósito no nos sirve en el lenguaje oral. Al final, el uso inclusivo del lenguaje dependerá de cuán de asimilados tengamos los principios de la equidad, suponiendo un doble esfuerzo al transformar esa “X” en otra fórmula que sí la acoja el lenguaje oral.

# No es inclusiva porque no es accesible para personas con diversidad funcional visual

He tenido la gran suerte de compartir como docente espacios de aprendizaje virtuales y presenciales con varias personas con diversidad funcional visual. De ellas he aprendido mucho y de todas las enseñanzas que guardo, una de ellas hace referencia al tema del lenguaje inclusivo.

¡La “X” no se escucha! Me dijo una vez una alumna.

¿Cómo que la “X” no se escucha? Si es un texto escrito, pensé.

La “X” no se escuchaba, tenía razón, pero mi mente capacitista no fue capaz de ver que no todas las personas acceden al lenguaje escrito de la misma manera. Ahí es cuando me di cuenta de lo que es una discapacidad, de quién era la discapacitada. Mi deber era garantizar la accesibilidad y fallé.

Los adaptadores de voz no leen las palabras que contienen la “X” y si un texto está plagado de ellas (como es el caso del que he leído yo esta mañana) imagináos la de información que se pierde una persona con diversidad funcional visual y lo tortuosa que puede llegar a ser la lectura de un texto con tantos saltos.

¿Evoluciona la aparatología a paso de tortuga en comparación con el lenguaje? Puede ser.

Pero lo que sí podemos determinar a día de hoy es que: la “X” no es inclusiva y nosotras y nosotros, las personas que sí tenemos el privilegio de acceder al lenguaje dominante, somos responsables de garantizar la accesibilidad a todas las personas.

20 noviembre, 2017

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